martes, 2 de agosto de 2011

OLVIDOS

Cuando llegué a casa ya había olvidado tu rostro.

- Lo más probable es que sólo haya sido un sueño – pensé.

Me desvestí y me acosté en la cama. Los pies me mataban, moría de cansancio, mi cuerpo entero se encontraba adolorido y mi cabeza estaba agotada. Decidí cerrar los ojos, dar un respiro, lento y profundo, para poder  descansar, pero un extraño y penetrante aroma invadió de repente todos mis sentidos; fue entonces, cuando no pude dejar de sentir tus manos inquietas sobre mi cuerpo, fue entonces cuando te recordé.

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