domingo, 10 de abril de 2011

Un Exorcismo

-¡Tu nombre demonio!, ¡Demonio tu nombre!
-¡Francoise! grita adolorida una voz tenebrosa, ¡Francoise! y retumban las silabas en el eco del ancestral monasterio.
-¡Alabado seas!,¡Bendito seas!,
se escucha gemir extasiado al exorcista, una , dos, tres patadas, la puerta del armario sale volando por toda la habitación bizantina.

¡Maravilloso, eres maravilloso!grita el exorcista mientras se arrastra en el suelo, lame obscenamente un escapulario gigante ,se arrastra hacia una cruz que tintineante salio del armario, la lleva a su pecho, la frota contra su sexo, gime en latín dos ave marías y besa el chapado dorado de la cruz como a un falo glorioso mientras tiembla de fe.

Del armario emerge un hombre idéntico al exorcista pero con la sotana despedazada y cadenas puestas en manos y pies.
Quejumbroso reclama: Escúcheme bien padre Francisco si quiere coger conmigo una próxima vez no es necesario tanto desmadre.




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