Atardecer tras atardecer
Lucila recolectaba piedras extrañas sobre la arena del mar ,esas piedras estaban diseñadas con las runas mas indescifrables que el viento, el sol , la sal y las olas pudiesen elaborar y Lucila cuidadosa las depositaba en una antigua canasta de mimbre que alguna vez recogió de un estrepitoso naufragio.
Y así con una gran sonrisa pintada de rojo Lucila hacia pasar esas piedras por ojos de dragón"encontrados en una cueva a la que solo se podía acceder invocando a los dioses siniestros" .
La gente sin embargo se percataba de la mentira dolosa pero compraba las piedras con aquella clase de lastima que se mezcla con la ternura y da lugar a los sentimientos mas diversos que enaltecen al hombre como magnánimo ser, pues ¿que podían negar a una pobre niña ciega que se ganaba el pan inventando cuentos y charlatanerías propias de la hija de un alquimista?¿como podían voltear la mirada a una pobre cieguita que luchaba por sobrevivir?
Y así al final de la jornada Lucila brincaba de contenta pues muy pronto con sus ahorros podría encargar unos ojos grandes y bellos al pirata que por primera vez la beso.
En un atardecer como todos, Lucila salió de su casa harta de respirar opio,azufre y sangre de toro mezclada en mercurio ademas del horroroso hedor que provoca la combinación demoníaca de leche materna con espumarajos de médium; guiada por la fina brisa del mar apoyo sus pies porcelana sobre la húmeda arena, llovía tenuemente, feliz chapoteo en la baja marea,refrescando el dolor que solo una ciega puede sentir pero enjuago un tanto su corazón impregnado de lagrimas con la terapéutica agua del mar, de pronto un miedo se apoderó de su húmedo cuerpo,un escalofrió lanzo toques eléctricos por todos sus huesos pues escucho un gigantesco aletear como el sonido de una gran carpa de circo soltada al viento impetuoso y percibió como solo perciben los ciegos el calor de un descomunal esqueleto irradiando dolor, el aleteo se detuvo un instante y el enorme animal sobre la arena cayo provocando un ligero temblor.
Gemidos revestidos con la solemne voz de un trueno imploraban:
-¡ayudadme niña!,¡niña prendedme fuego!
Lucila imagino que al fin había descubierto un dragón , escondió su miedo y se acercó sin chistar,sus delicadas manos inspeccionaron al animal que al contacto con los deditos de la niña dejó de retorcerse, grandes hexagonos de cristal cortado recubrían el cuerpo, filosos marfiles asomaban sobre la columna vertebral y un aliento frió salia de sus enormes orificios nasales, una lengua bífida emergió de entre las poderosas mandíbulas y lamió tiernamente las mejillas rosas de la pequeña Lucila.
-Tienes dones de curación pequeñita, restaura mis maltrechas alas y te concedo lo que desees mi niña-dijo el dragon.
Lucila se quedó pensativa unos cuantos minutos,levantó la cabeza se frotó las manos y negociadora soltó:
-esta bien te ayudare pero quiero poder mirarte, soy ciega, ¡quiero los ojos mas grandes y bellos de todo el mundo!
El dragón sonrió complacido y Lucila sintió una comezón exquisita en las cuencas oculares restregó sus parpados con satisfacción y por vez primera en diez años abrió los ojos ,no podía explicarse lo que tenia enfrente ,una brisa enorme se movía frente a ella ,sabia a agua,era el mar sin duda, pero tenia una forma que sus manos no pudieron explicar,sus ojos ¨sentían" esa enorme brisa frente a ella pero sus manos le indicaban lejanía, "sintió" con sus ojos lo que para ella hubiera sido un viejo árbol pero se movia y le hablaba, sin duda era el dragón.
¨ Sintió" como una forma que le recordaba la sensación de un listón, le acariciaba otra vez la mejilla.
-Mi niña estas servida, ahora ayudadme,pero antes abriré mis ojos para que puedas ver en ellos como eres tu- y un enorme parpado se levanto con esfuerzo dando lugar a un gran ojo color obsidiana, Lucila observó lo que sabia era una niña ,levanto un brazo, la niña lo levanto también,se toco las mejillas con las dos manitas, la niña lo hizo tambien, miro fijamente y observo a la niña largamente hasta que el dragón dejo de moverse, el brillo interno del ojo se apagó y ya no le dejo observar mas la figura, un miedo implacable se apoderó de Lucila pues no entendía esa nueva ceguera, aquella cortina negra tan cómoda había sido cambiada por miles de cortinas que se alejaban y se acercaban ,esa ceguera nueva se había apoderado de todo su ser, de su olfato, de sus oídos , de su gusto, de sus manos y de sus pies y entonces lloró amargamente como solo puede llorar alguien que pierde o gana la vista de golpe según el que la pierde o la gana y cerro los ojos y prometió nunca abrirlos pues esa maldición a la que le llaman mirar deja ciegos a todos los sentidos completos.
Este cuento esta dedicado a mi eterna doncella,Anabel Quintero
ResponderEliminarHermoso!! :)
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